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Pendentif construido en Plata 950 |
La costa peruana ofrece, a quien sepa verlos, infinitos tesoros visuales. Como varados en una costa ancestral, blancos, pelados por la erosión del frío nocturno y el sol del desierto, los huesos de los pelícanos costeños, exiliados al interior en búsqueda de comida por falta de pesca, muestran intrincadas figuras geométricas que no se les parecen. Esta pieza me recuerda la soledad de María Reiche entre las líneas de Nazca. El conjunto de huesos del pelícano exiliado me recordó mi propia lejanía. El dibujo de aquellos huesos y las míticas líneas que venía recorriendo se asociaron para siempre en mi propio imaginario, y se impregnaron de misterio.





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