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Aros construidos en plata 950 con spondylus |
Había pasado varios días recorriendo la capital imperial, el valle sagrado, Machu Picchu… Agotada, cerré los ojos. Sin esfuerzo, fueron llegando las imágenes, al principio mezcladas, desordenadas, encimadas… Luego, como abriendo la entrada al sueño que se iniciaba, se fusionaron en una sola: una puerta de piedra, en forma de trapecio, que me invitaba a pasar y descansar.
Así son las puertas del Cusco: sólidos trapecios, como dos fuertes piernas apenas abiertas, que con equilibrio y firmeza abren los hogares, refugios, templos donde ingresamos hoy nosotros, y antes tantos, tantas… Una forma constante que quedó impresa en mi recuerdo, asociada a seguridad, calidez, cobijo.






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