Desprecio: reflexiones en la madrugada


Tu desprecio habla mucho más de vos que de mí. En realidad, tu desprecio sólo habla de vos. Y dice mucho.

No por obvio es menos cierto: las relaciones humanas son complicadas. Bosques de literatura se les han dedicado. Pero las presencias sobre la tierra se renuevan y toda experiencia humana, por más clásica, tanguera o de manual que sea, para el ocasional protagonista será única e irrepetible, la más feliz, o la más dolorosa.

A todos nos toca vivir lo que a todos por primera vez. Por primera vez entendemos, por primera vez nos desengañamos, por primera vez amamos, por primera vez somos madre o padre, por primera vez nos enfermamos, por primera vez miles de cosas.

Desde hace poco vivo una primera experiencia, y eso que ya soy grande: una evidente y continua manifestación de desprecio. Seguramente las hubo antes en mi vida, pero no las noté, o no las recuerdo, tal vez porque no me importaron. Ahora recuerdo, por ejemplo, hace tiempo, que se me quedó el auto en un lugar inconveniente y no faltó el energúmeno que apeló a la parafernalia de epítetos que poseía, todos referentes al género, como si la culpa del empacamiento de mi vehículo tuviera algo que ver con los componentes cromosómicos de mi par 23.  Esas claras faltas de respeto, expresiones burdas del desprecio, voluntaria y entusiastamente ofensivas, no me hicieron mella, probablemente por su carácter anónimo, probablemente porque no involucraban ninguna clase de relación personal.

La primera experiencia de la que hablo tiene que ver con una relación personal real. Aunque… ahora que lo pienso no es la primera. La primera fue hace unos años. Y fue muy dolorosa. Y significó poner una amistad en suspenso, en compás de espera. Una pausa que, espero, tal vez, acabe algún día.

Así que no es la primera… pero es como si lo fuera. Parece que la larga introducción de los primeros párrafos vale no sólo para cada persona, sino para cada vez que a la misma persona le pasa lo mismo, o parecido, o se siente de manera similar.

La experiencia del desprecio por parte de alguien cercano tiene varias etapas: la sorpresa, la incredulidad, la constatación, la incomprensión, el dolor, el dolor, el dolor, la resignación, la recuperación de la dignidad, el fastidio, la indiferencia. Por supuesto, no todo es tan definido: a veces las etapas se superponen, a veces el dolor no desaparece.

Pero el trabajo de recuperación de la dignidad ayuda. El desprecio por alguien con quien se han compartido períodos importantes de la vida en algún tipo de relación (parental, fraternal, conyugal, familiar, de amistad, etc, etc, etc…) tiene que ver muchas veces con la mala memoria, otras veces con graves distorsiones en la escala de valores, otras veces con abismos insondables entre el discurso y la práctica, otras veces con todo eso junto. ¿En qué lugar te estás colocando? ¿Por qué? Tu desprecio habla mucho más de vos que de mí. En realidad, tu desprecio sólo habla de vos. Y dice mucho.

La manifestación del desprecio es siempre irrespetuosa: el despreciado no es objeto de respeto, todo lo contrario. Si bien una falta de respeto accidental no significa desprecio, cuando se reitera y se reitera y se reitera y termina confundiéndose con el trato habitual, tal vez sí lo sea. La falta de respeto permanente y continua del despreciante puede ser franca y directa, o sinuosa y pretendidamente inocente. La primera es menos irrespetuosa que la segunda. La primera da al despreciado la chance de replicar. La segunda no. La segunda deja al despreciado inerme, indefenso, y por lo tanto, más vulnerable a la herida y más solo con el dolor que le infunde. Se nutre de sobre todo de gestos. También de olvidos, desinterés, indiferencia, ninguneos verbales… pero sobre todo de gestos.

Quien desprecia a alguien con quien ha compartido períodos importantes de su vida, desprecia parte del camino que lo trajo a donde está. A veces, una parte muy importante de ese camino. Quien desprecia, por esas paradojas de la vida, de las complicadas relaciones humanas, pierde dignidad junto con la memoria, y por lo tanto, se convierte en en alguien despreciable.

Mi parte mística cree firmemente que todo vuelve. Y mi parte terrenal cree firmemente que, a pesar de ciertos saberes populares, de todo, o de casi todo, se vuelve. Por ahí no al mismo punto, pero sí a alguno bastante cercano. Ni siquiera la permanente ofensa y el agravio velado o evidente significan, necesariamente, que cuando te mande a la mierda lo haga en forma definitiva. No porque me arrepienta, sino porque, tal vez, vos te arrepientas. Y si eso pasa, me parece importante estar dispuesta a escuchar, entender, perdonar si cabe y te interesa, y si es posible, pasar a otra etapa.

MIentras tanto (y lo lamento, de verdad lo lamento)… dejaste de interesarme.

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8 pensamientos en “Desprecio: reflexiones en la madrugada

  1. es muy fuerte un relato duro, que involucra sentimientos muy profundos y que muchos de alguna u otra forma hemos experimentado, el desprecio siempre es injusto porque en el fondo oculta el propio fracaso

      • Osea, creo que con tu respuesta puedo inferir que te refieres a ser cortante… ya que no llamar a alguien espontáneamente no significa falta de interés, ya que aunque no lo haga, puede ser que si lo llamas tú, muestre un interés por lo que le dices. Eso es cierto, no??

      • Cuento mi experiencia personal, no hay un sólo modo de mostrar desprecio, tampoco el mismo gesto o la misma actitud significa siempre lo mismo. Cada historia tiene muchos matices, muchos momentos…. Hay que mirarlo todo.

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