Esta soy yo

Hola, esta soy yo.

Nací un martes 13 de 1967. Crecí en una familia donde, entre muchas cosas importantes, el arte tenía su lugar: mi papá, arquitecto, ama todo lo clásico y lo funcional, y mi mamá, bailarina y profesora de danzas clásicas, pudo enseñarme algo de la armonía del movimiento antes de que un corset Milwaukee detuviera mi escoliosis y mi futuro en zapatillas de punta. Un secundario suburbano pero eficiente me hizo pensar alguna vez que lo mío eran las letras. Luego me sedujo la antropología. Luego me sedujo Pepe, quien me llevó de la mano por el trabajo, la maternidad, Perú y el mundo, y juntos construimos una familia linda y rara, multiplemente ensamblada y rica en historias.

trabajandoNada hubiera dicho, hace años, que lo mío pasaba por las joyas. No las usaba, no me llamaban la atención, no me interesaban demasiado. Sin embargo, en algún momento asumí que la intelectualidad me agotaba, y no sin culpa y largo duelo que, confieso, aún no concluye del todo, abandoné literatura y ciencias sociales y no volví a ellas nunca más.

Y aquí me tienen, diseñando y realizando joyas en plata. Por qué joyas, por qué plata… El Perú tiene mucho que ver. Allí pasé nueve años, hasta allí llegué siguiendo el trabajo de mi esposo, Pepe, creador de sueños y ganador de batallas perdidas, allí me quedé viendo crecer a mi hija mayor y de allí me fui con mi familia y con pena, en busca de recuperar la nitidez del recuerdo borroso de algo que ya no existía. Porque yo andaba admirando su cultura infinita mientras recorría talleres de teatro y algún escenario (sí, esa fue otra faceta más) cuando mi amistad con la querida y talentosa Sandra me llevó hasta su papá, Carlos Bernasconi, conocido escultor, orfebre y medallista peruano. Comprendí gracias a él la calidez del metal, su nobleza, su belleza. Aprendí que endurece con los golpes, se ablanda al calor del abrazo, o al abrazo del calor, necesita de paciencia y mucho trabajo para tomar la forma imaginada; es fiel a su naturaleza, y conociéndolo y aceptando sus reglas, nunca te dejará de a pie; puedes imaginar lo que sea, porque lo que sea es posible y el metal va a aceptar tu propuesta sin reparos; se junta con otros, metales o no, en casamientos inverosímiles pero maravillosamente felices, y los hijos de esas uniones serán el resultado tantas combinaciones posibles como las de cromosomas humanos.

La plata es el más bello de los metales. El cobre, tal vez más sensible, se luce en su compañía sin desmerecerla, sino todo lo contrario. La alpaca, más sólida, más modesta, les suele brindar sostén. Juntos o separados, todos ellos residen en mi taller, recibiendo ocasionalmente las visitas de piedras, maderas, cueros, y otras amistades duraderas u ocasionales.

Cada trabajo es un homenaje a estos metales, a sus principios, a su ductilidad, a su compañía. Hemos tenido momentos de pelea y reconciliación, de armonía y de distancia, de nostalgia y de reencuentro. Como todas las relaciones de la vida.