Barrio de azaleas


Vivo en un típico barrio de clase media del conurbano. Las rejas en las líneas municipales apresan la paranoia al tiempo que anuncian que hay bienes para proteger, los vecinos acuerdan alarmas de pánico y garitas mientras compiten con sus frentes de ocho o diez metros de planta baja y tal vez primer piso, sus autos placa M en adelante, sus tablets y celulares. Intercambian de acera a acera sus frases hechas de sentido supuestamente común, y critican “este país” como si pertenecieran a otro, como si les fuera ajeno. Vivo en un barrio con el que no comparto ni idioma ni ideas ni identidad, que siento mío con el afecto de la nostalgia, pero que me niega en el presente espejos que me reflejen o ritos compartidos. Vivo en un barrio al que no termino de pertenecer, casi como el vecino loco, al que se lo acepta porque no hay remedio, porque da un toque de color, porque habilita otro tema de conversación.

Ese es mi barrio. Pero cuando llega la primavera me reconcilio, le perdono su amoralidad resentida, su ego despreciante/despreciable, su miopía social, su prejuicio desparpajado, sus pretensiones de mediopelo a lo Jauretche. Le perdono casi todo, porque durante un par de semanas, esas que nos acompañan con el sol todavía oblicuo y el calor apenas despertando, me regalan orondamente, también compitiendo entre sí, el festival de azaleas más hermoso. Cada camino que elija para ir a cualquier lado desde mi casa me espabila a azaleazos blancos, fucsias, rosados, rojos, que atraviesan e ignoran las rejas para robarme sonrisas que les entrego sin reparos, sin miedo, sin rencor y sin más que agradecimiento.

Especulando sobre la pequeña y la gran escala, la economía y la esclavitud


¿Puede un emprendimiento ser sustentable más allá de la pequeña o mediana escala? Porque, perdónenme, pero ni Cheeky ni ninguna de las 106 grandes marcas denunciadas por la Alameda son sustentables. Awada podrá nadar en los excedentes de sus empresas, pero si la parte más importante de la cadena productiva (nada más y nada menos que la factura de la ropa) está en manos de esclavos, algo en las cuentas está mal.

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Decidir quién decide qué es arte


Galería Thomas Cohn

La galería Thomas Cohn informa en su blog, el 1 de abril, que la SP-ARTE (Bienal de Arte de San Pablo) no aceptó por segunda vez consecutiva, que obras de arte de joyería contemporánea sean exhibidas en la feria junto a 3 esculturas de Tony Cragg y pinturas de Carlos Gorriarena, artistas que no necesitan presentación.

No sorprende. ARTEBA no difiere de SP-ARTE en este punto. Mucho se ha dicho ya sobre el poder acumulado de curadores, galeristas, intelectuales e incluso algunos artistas decidiendo qué es y qué no es arte. Sigue leyendo

Y la página ya está lista…


Captura de pantalla 2014-02-06 19.59.16Qué poco vengo por acá ùltimamente!
Bueno, acá estoy en noche de viento e insomnio. Y como falta un poco todavía para terminar la de webs, les muestro la página de joyería, que ya está, con taller y todo. Finalmente.

Mi página de joyería

Evaluación (a mi manera) de las elecciones de ayer


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Primera evaluación contable de las elecciones del 27/10/2013

Emulando a contadores y demás idóneos con los números, me atrevo a hacer una evaluación contable de las elecciones que acabamos de vivir… a mi manera.

1: Haber: Me nombraron presidente de mesa. Será, seguramente, la única presidencia que ejerceré en toda mi vida. Me llamaron presidenta, y la mía era la máxima autoridad en los 25 metros cuadrados del cuarto oscuro y los tres metros lineales de la mesa de 675. Me hice la copada, fui firme, amable, condescendiente… siempre desde mi lugar de presidenta.
Hermoso.
Debe: hubo un par de protestas de votantes… les propuse que, si pensaban que podían hacerlo mejor, se postularan para la próxima. Si los elegían, podrían ocupar el sillón de Rivadavia… digo, el de la mesa 675 en las elecciones de 2015. Sigue leyendo