Con Ellas, NO.


Intuyo que son siempre las mismas voces, las que emiten, las que reproducen. Intuyo que son siempre los mismos oídos, los que reciben. Intuyo, también, que son siempre las mismas mentes perezosas las que incorporan.

Trato de explicármelo de algún modo, pero no soy intelectual, no me dedico a estudiar los comportamientos sociales, las motivaciones humanas, los resultados a largo plazo para el futuro que nos involucra a todos… sólo miro y me pregunto. Sólo intuyo.

Miro y me pregunto: ¿quién tiene siquiera la altura de la sombra que Madres y Abuelas proyectan sobre nuestra querida tierra, como para permitirse elevar la voz para injuriarlas? ¿Cómo puede alguien atreverse a arrojar carne podrida sobre los mejores ejemplos de valor, lucha, dignidad y nobleza que tenemos entre tanta mugre? ¿Con qué derecho? ¿Con qué derecho? Y miro, y me pregunto: ¿Por qué son tantos los que se alegran de ser voceros de la basura? ¿Y por qué son tantos los que comen la carne podrida con placer, como si sentarse (sin ningún esfuerzo y sin ninguna preocupación por la verdad) a confirmar que todo es una gran mierda les diera una satisfacción orgásmica, una sensación de victoria rotunda sobre no sé qué?

Intuyo que tenemos un problema. Intuyo que le tenemos tanto miedo al futuro, que preferimos que no exista. Intuyo que las pulsiones suicidas de nuestra sociedad encuentran un caldo de cultivo muy fértil en lo peor de nuestro inconsciente colectivo, nuestros prejuicios, nuestras pretensiones vacuas, nuestro desprecio por la verdad, nuestra violencia cotidiana, nuestras ínfulas de conocedores de la verdad revelada.

¿A dónde querrán llegar? ¿A dónde, subiéndose al tren de la mentira, tragando sin masticar y devolviendo una y otra vez la chatarra predigerida que nos dan como alimento quienes sí tienen intereses muy claros y específicos? Probablemente, a ninguna parte. Y eso es lo más triste. Idiotas útiles con destino incierto. Sólo conocemos bien la mierda, así que mejor quedémonos ahí.  No propongamos nada. No defendamos nada, menos aún la luz, a ver si nos ilumina demasiado y descubrimos que somos más feos y sucios de lo que creíamos.

Quiero sumarme, muy modestamente, a los que queremos defender la luz. A los que queremos un futuro, porque tenemos hijos, sobrinitos, vecinitos, alumnos que un día van a tener sus propios hijos y sobrinitos y vecinitos y alumnos. Me sumo a construir la identidad para todos nosotros y para ellos. No me interesa que se identifiquen con la mezquindad del que tiene el dedo presto a señalar sin más argumento que la propia satisfacción onanista de ver cómo todo se mancha y ensucia menos su propia individualidad impoluta (hay que ser ingenuo…).

Madres y Abuelas son el mejor símbolo viviente que tenemos como identidad argentina. Ay de quienes no les importa, ay de quienes no lo comprenden. Madres y Abuelas han sido, desde la más oscura noche, la luz que ha crecido hasta iluminar hoy a quienes queremos un país justo, más solidario, más comprometido, menos violento, mejor. NADA tengo que reprocharles ni reclamarles (¿desde dónde podría? ¿con qué autoridad?). Madres y Abuelas, humanas como son, de carne y hueso como son, me enseñan cada día como se puede construir colectivamente la fuerza más grande desde la debilidad más grande. Madres y Abuelas son mi orgullo.

Con las Madres, NO. Con las Abuelas, NO.

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